Multimillonaria “Sin Nadita Que Comer”.

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Wikipedia, Dominio Público: Hetty Green

Heety Green, una mujer nacida en 1834, hizo grandes negocios con gran impacto en Wall Street fue conocida como La Bruja de Wall Street. Hizo inversiones estratégicas en bienes raices, ferrocarriles y bonos de la Guerra Civil con gran éxito logrando una gran fortuna de aproximadamente 2 millones de dólares (ahora 3 mil millones de dólares)

Esta mujer no se ganó la estima del público nunca hizo una caridad, no vivía como una persona rica, ni siquiera como una persona corriente, todo lo contrario vivía muy pobremente, fue registrada en el Libro Guiness como la mujer más tacaña de la historia.

Aunque su fortuna era enorme ella no gastaba ni un centavo que pudiera entrar al ahorro. Se ponía todos los días el mismo vestido, solo lavaba la parte que rozaba el piso. Vivía con sus hijos en hoteles de mala muerte. Cuando compraba una medicina llevaba el envase para que allí le colocaran la medicina y no tuviera que pagar por el envase nuevo. Comían en el mercado la comida más barata. Una vez no durmió toda la noche porque se le había perdido un sello de 2 centavos

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Pixabay: Parte de la Fortuna de Hetty

En cierta ocasión su hijo sufrió un accidente y tuvo una herida en la rodilla. Ella lo llevó a un hospital de atención gratuita para pobres, así no tenía que pagar. El médico reconoció a Hetty Green y le exigió que pague, pero la mujer se negó. El hospital no lo quiso atender a su hijo sino pagaba. Entonces ella lo llevó a su casa y lo curó, pero seguramente tan mal que poco después la herida se infectó y tuvieron que amputarle la pierna por la gangrena que se le presentó.

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Pixabay: Hetty en silla de ruedas

Hetty sufría de una hernia y tenían que operarla, pero la operación costaba 150 dólares que se negó a pagar porque consideraba que era mucho dinero. 150 dólares era mucho de los 200 millones que Hetty tenía. Y así tuvo que vivir en una silla de ruedas hasta su muerte. Murió a los 81 años de apoplejía en medio de “una pobreza extrema”.

¿Y dónde quedó toda su fortuna? Los dos hijos Edward y Sylvia heredaron toda esta riqueza después de la muere de su madre. Edward la despilfarró y Sylvia donó a organizaciones de caridad.

Hetty no se llevó nada a la tumba. La avaricia en tal extremo es  un transtorno mental,  digno de estudio, no puede ser normal, necesitaba un psicólogo o un psiquiatra.

Hay mucho casos similares en que las personas están sentadas en sillas de oro, pero no tienen que comer, ni que vestirse, ni techo para vivir. No gastan nada y pasan las más grandes dificultades y además se quejan de su situación tan lamentable “sin nadita que comer”, como dice el poema de Rafael Pombo, que es algo parecido. Lo transcribo entero.

La Pobre Viejecita

de Rafael Pombo

Érase una viejecita
Sin nadita que comer
Sino carnes, frutas, dulces,
tortas, huevos, pan y pez.

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Pixabay: Comida de la pobre viejecita

Bebía caldo, chocolate,
leche, vino, té y café,
y la pobre no encontraba
qué comer ni qué beber.

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Pixabay: Café con crema de leche

Y esta vieja no tenía
ni un ranchito en que vivir
fuera de una casa grande
con su huerta y su jardín.

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Pixabay: Casa de la pobre viejecita

Nadie, nadie la cuidaba
sino Andrés y Juan y Gil
y ocho criados y dos pajes
de librea y corbatín.

Nunca tuvo en qué sentarse
sino sillas y sofás
con banquitos y cojines
y resorte al espaldar.

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Pixabay: livingroom vintage

Ni otra cama que una grande
más dorada que un altar,
con colchón de blanda pluma,
mucha seda y mucho olán.

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Pixabay: Elegante cama con mucha seda y mucho encaje

Y esta pobre viejecita
cada año, hasta su fin,
tuvo un año más de vieja
y uno menos que vivir.

Y al mirarse en el espejo
la espantaba siempre allí
otra vieja de antiparras,
papalina y peluquín.

Y esta pobre viejecita
no tenía que vestir
sino trajes de mil cortes
y de telas mil y mil.

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Y a no ser por sus zapatos,
chanclas, botas y escarpín,
descalcita por el suelo
anduviera la infeliz.

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Pixabay: Zapatos antiguos

Apetito nunca tuvo
acabando de comer,
ni gozó salud completa
cuando no se hallaba bien.

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Pixabay: Comida de la pobre viejecita

Se murió del mal de arrugas,
ya encorvada como un tres,
y jamás volvió a quejarse
ni de hambre ni de sed.

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Pixabay: Mujer con muchas arrugas

Y esta pobre viejecita
al morir no dejó más
que onzas, joyas, tierras, casas,
ocho gatos y un turpial.

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Pixabay: Joyas victorianas

Duerma en paz, y Dios permita
que logremos disfrutar
las pobrezas de esa pobre
y morir del mismo mal.


Fuente Taringa:
http://www.taringa.net/posts/paranormal/16954660/Historia-extravagantes-que-quizas-no-sabias.html

http://www.poemas-del-alma.com

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